La perfección en un guion puede ser peligrosa: Tres anuncios por un crimen | Revista DC

La perfección en un guion puede ser peligrosa: Tres anuncios por un crimen

Nuestro periodista Iván Darío Hernández Jaramillo presenta su DCrítica de la película Tres anuncios por un crimen.

Hay tres actos gloriosamente ejecutados y, en lo absoluto, de manera sutilmente construidos. Son tres actos furiosos, rompedores, subversivos, brillantes y al tiempo oscurísimos en sus convicciones e ideas.

El primer acto de Tres anuncios por un crimen nos presenta a una madre que, en protesta contra la policía porque nunca atraparon al violador de su hija asesinada, ubica tres vallas a las afueras de una ciudad llamando la atención, de una forma gráfica y políticamente incorrecta, a aquellos que no andan haciendo su trabajo. Esto genera un descontento general en aquellos pueblerinos ignorantes que detestan que se les diga la verdad, y perjudicarían todo lo que sea necesario a una víctima para que no eleve su voz.

El segundo acto nos mata a un personaje que en un guion clásico y normal fallecería hasta el final. Aquí la película se siente acabar cuando pasa este incidente, pero de manera brillantísima, se presentan tres cartas de este personaje memorable y hermoso, heredadas a tres de sus personas más importantes en los últimos momentos de su vida. Estas cartas logran arrollar, y su impacto es tan potente, que como si se trataran de tres avalanchas una tras otra, desencadenan una serie de sucesos que te cambian todo el horizonte, que borran del mapa los límites entre buenos, malos, brutos e incompetentes, y que a todos les da un motivo para reconciliarse de una forma muy particular con su propia vida.

Tres anuncios por un crimen

Estas cartas nos conducen a un tercer acto, uno que nunca viste llegar, y uno en particular tan liberador y hermoso, que cuando sucede, sabes que no había otra forma de terminar la historia, aunque esta no sea tan satisfactoria luego de toda la película que acabas de ver.

Entonces piensas en el peligro de la perfección. En un guion no tan perfecto, y no tan redondo, nos darían un final con una nota altísima que nos deje hasta el techo y que luego nos tumbe y deje desubicados, es decir, un final Made in Hollywood.

Aquí no es el caso, aquí hay un anti clímax, uno hermoso pero que no combina con la salvajada previamente expuesta. Pone a dos enemigos jurados en una posición cínica de reconciliación y con una meta en común que, de ser presentada ordinariamente, dañaría todo el conjunto. Es ahí cuando sabes que no había otra forma de terminar este maravilloso thriller de venganza, que en su irregularidad viene velada una perfección necesaria, creíble en la vida, y también calurosa hacia los sentimientos encontrados de nuestros personajes.

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