Pensamiento en digital | Revista DC
 THE ROOM. Dir Tommy Wiseau THE ROOM. Dir Tommy Wiseau

Pensamiento en digital

No hay que ponerle tanto misterio, que bajar una película por Internet o verla desde YouTube, Pop Corn Time o Cuevana, no es tan nocivo como podría ser tomarse un trago, fumar marihuana o comer chicharrón sin medida.

ANDY WARHOL Y EL CINE
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Por: Iván Darío Hernández Jaramillo

Ojo, tampoco esto que digo es una apología al delito, es una realidad inevitable y un mal necesario por el cual la gente podría llegar a saber mucho más de cine y del mundo. Listo, vámonos de lo legal a lo permisible y a lo que se puede disimular de forma gradual. Netflix, uno de los mayores milagros cinematográficos del siglo, aquella herramienta que es capaz de desocupar tu videoteca para darle menos paso al polvo y más a los libros. Por las series de Netflix, por ejemplo, es más posible hacerle el quite a los programas de variedades y chismes de sofá, o a las series colombianas que juran que nos van a hacer creer que las grandes impertinencias cometidas por la edad, aguantan para emular una tragedia griega.

Yo amo ir a cine, no me malinterpreten, varias de esas salas tan hermosas han sido mi refugio, mi mirador de La Calera, mi consuelo amoroso y mi escape de los problemas de la sociedad. Apagas el celular, y estás automáticamente en la mente de alguien más viendo una fantasía más hermosa, o una realidad con una potente fuerza intelectual interpretada o contada. Pero si aspiro a encontrar alguna de esas películas imposibles de ver, me remito a YTS.AG, sobre todo para clásicos remasterizados y en calidad 1080, o a sitios como Pop Corn Time, que me dan algo que no me ofrece mi matrimonio con la pantalla grande, que es el placer de escuchar a mi amante fílmica en su idioma original.

Me choca agarrar la moda de ver dvd screeners en épocas de premios. La escena de Elio y el albaricoque hay que verla con todos los colores y la belleza del caso. Inmensa en un cine para que más inmensa sea la seducción. Mucho menos voy a perderme la fotografía de Storaro o Deakins en una pantalla grande, o ver en una calidad opaca la maravillosa La forma del agua, solo por el afán de remitirme a una copia que subió alguien que necesitó pagar la factura del gas un día. Sin embargo, que mal disfrutaría de la visión de James Franco sobre la creación de The Room, sin siquiera haber visto The Room por primera vez.

Ahí es donde necesito el Internet, para encontrarme con el cine underground estadounidense, las rarezas del IFC de Nueva York o de Sundance Selects, o para abrirme a películas que me permitan extender un poco más mi mirada sobre la vida.

 

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