La resistencia del barrio Policarpa | Revista DC
Barrio Policarpa Barrio Policarpa

La resistencia del barrio Policarpa

Tiene nombre de heroína independentista y nació como una invasión en la década de los sesenta. Resistió los intentos de desalojo y tuvo un intenso romance con la Unión Patriótica. Hoy es la zona textil más grande de la ciudad y un a petecible recorrido gastronómico por el país.

El barrio Policarpa Salavarrieta, a pesar de estar ubicado en el corazón de Bogotá,tiene vida de pueblo. En una misma cuadra, en la Avenida Mario Upegui Hurtado, usted encuentra: chorizo santarosano, chuletas cundiboyacenses, estampados, minutos a celular, cancha de tejo, carne santandereana, restaurante mexicano, pizzería, papelería, plomero, electricista, heladería, avena tolimense con pandebonos vallunos, cortinas y persianas.

Todo eso, en medio de decenas de almacenes de telas. El barrio es la zona textil más importante de la capital y, por lo tanto, su economía gira en torno a esta industria.

Policarpa

Para deleitar el gusto

También la discoteca, la iglesia y la droguería están en la calle principal. Son las 4:00 p.m. de un viernes de marzo y, para comprobar que el Policarpa tiene estilo propio, un combo de gallos empieza a cacarear a deshoras. “El barrio tiene fama de que es revolucionario, pero no, es un lugar tranquilo, de gente camelladora, sana y echada pa’lante”, comenta Jeremías Galindo, uno de los vecinos que convierte la Avenida Upegui en un paseo gastronómico por el país.

En medio del agite comercial de la avenida y de los puestos callejeros y restaurantes que atraen aún más transeúntes, pasan un vendedor de cordones, otro de aguacate “como mantequilla” y uno más de tinto y empanadas. Un grupo de niños patea un balón en una de las tranquilas cuadras que rodean los almacenes de telas, las familias pasean la tarde del viernes con un helado en las manos, los comerciantes se relajan ante el inminente fin de la jornada y un loco dicharachero pasa saludando a todos como sucede en cualquier pueblo colombiano.

En la esquina de la Carrera 11 con Calle 3 Sur, en un puesto callejero con “todos los juguetes”, Jeremías Galindo vende avena, arroz con leche, buñuelos, avena helada tolimense y pandebonos del Valle del Cauca. Los precios van desde $1.000 hasta $2.400. El puesto nunca cierra desde hace 18 años y genera filas que hasta los vendedores de telas envidian.

“De este negocio se sustentan cuatro familias, más yo que soy el dueño, vendemos 400 buñuelos y 600 arroces con leche en un día bueno porque trabajamos en forma higiénica y con mucha dedicación”, cuenta el hombre, que lleva 27 años viviendo en la zona.

Policarpa

 

Una leyenda urbana

A diferencia de otros barrios del sur, el Policarpa no se hizo famoso por pillo. De sus cuadras se desterraron, desde la década de los sesenta, los expendios de droga, la delincuencia común y la indigencia. Tiene nombre de heroína de la Independencia, nació de una invasión popular de más de 60 familias a terrenos baldíos en el centro de la ciudad, resistió durante varios años los intentos de desalojo, tuvo un romance de décadas con la Unión Patriótica y hoy en día es una de las zonas comerciales más fuertes de la ciudad.

El Policarpa, tras seis décadas de lucha, es una leyenda urbana. “Teníamos turnos de vigilancia, con un hierro y una campana se anunciaba el cambio de turno. Eso fue en los sesenta. La última batalla que tuvimos con la policía fue el 8 de abril de 1965. Nos defendíamos con palo, piedra y mucho sentido de pertenencia. Ellos venían con rifles y con espadas y nos rompían las caseticas de teja asfáltica y nos echaban gases lacrimógenos”, comenta María Inés Chaparro, fundadora del barrio junto a Pedro Guasca de Tolima, Ulises Triana de los llanos orientales, Anita Ardila del Quindío y Mario Upegui, quien fuera concejal durante varios gobiernos, entre otros.

Luego, vinieron más años de lucha para obtener títulos de sus propiedades, pavimentar el barrio y dotarlo de los servicios básicos. Provivienda los organizó, María Eugenia Rojas los apadrinó y estudiantes de universidades públicas, soldados y militantes de las Juventudes Comunistas los ayudaron a atravesar las dificultades que los convertirían en un barrio legal con una historia de resistencia y trabajo ejemplar.

Hoy en día esa historia es leyenda. “Me siento feliz y agradecida porque el barrio antes tenía un nombre negativo, fue un barrio de invasión, de personas que no tenían suficientes recursos para vivir y ahora somos comerciantes que han progresado con su trabajo honesto”, dice Alejandra Segura Chaparro, quien hace más de diez años tiene un puesto callejero de venta de empanadas.

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Chuletas Capital

Policarpa

Tiene más de 40 años deleitando comensales de toda Bogotá. “Era una cigarrería. El dueño, que era mi cuñado, empezó con poquito: un chicharroncito, un pedacito de chuleta, con el tiempo, hace unos 30 años, empezó a venderse más la chuletica... Se fue acabando la cigarrería y se fue volviendo restaurante”, dice Consuelo Puentes, copropietaria. El plato fuerte es chuleta con papas saladas y un ají potente. El precio es $17.500. “Viene de todo, gente de las clases altas y de las pequeñas, pues el marranito, como buen colombiano, nos gusta a todos”.

Dónde: Carrera 12B No. 3 Sur-1

Horario: lunes a sábado, 10:00 a.m. a 5:00 p.m.

 

 

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