Guadalupe, la abuela de Bogotá | Revista DC
Cerro Guadalupe Cerro Guadalupe

Guadalupe, la abuela de Bogotá

Guadalupe sobrevivió varios terremotos y las décadas en que los atracos estaban a la orden del día. Hoy es un plan alternativo para el domingo, que incluye recorrido por algunos barrios del centro, misa, vista panorámica a la ciudad y comida típica. Crónica de la otra joya de los cerros capitalinos.

Cerro Guadalupe

La mañana del domingo se despereza en medio de la neblina. Aunque el cielo gris advierte que será otro día de lluvia, cientos de personas se dirigen al cerro de Guadalupe abrigados con bufandas, guantes, gorros de lana, chaquetas de montañista o ruanas.

Las sombrillas y los impermeables no pueden faltar. Algunos van en auto, pedalean para alcanzar la cumbre o serpentean en motos por la estrecha carretera que conduce al santuario. Otros madrugan para tomar un colectivo o un taxi en la calle 6 con carrera 13, que los deje a los pies de la estatua de la Virgen María Inmaculada de 15 metros de altura, diseñada por el artista Gustavo Arcila Uribe en 1946.

La tradición muisca asegura que, antes de la llegada de los conquistadores, al cerro de Monserrate se le llamaba 'pie de abuelo' y al de Guadalupe 'pie de abuela'.

Cerro Guadalupe

“Es saludable visitar a la virgencita y respirar aire fresco. De aquí para arriba sentimos el olor a eucalipto”, dice el taxista José Edilberto Vargas. “Acá vienen personas de todos los estratos, extranjeros y de otras ciudades del país. También mucho rolo”, añade.

Como él, otros choferes se parquean a una cuadra de la estación Tercer Milenio desde la 6:00 a.m. y hacen recorridos de ida y vuelta hasta las 4:00 p.m. La carrera en taxi cuesta $12.000 y el pasaje en colectivo, $2.000.

“El mejor día para venir es el primer domingo de cada mes, hay romería porquelos creyentes hacen novenario. Hay misas a las 9 y 10 de la mañana, al mediodía y a las 2 de la tarde”, explica Vargas.

En 1538, dos españoles bautizaron el cerro con el nombre de Guadalupe y clavaron una cruz en la cumbre. En el siglo siguiente se construyó el santuario, con la ayuda de varias generaciones de presidiarios, en honor a la Virgen de Badajoz.

En el recorrido se atraviesan los barrios Belén, Lourdes, El Guavio y Los Laches. También un par de retenes de la policía. Aunque el eucalipto reina, también hay arrayanes, robles y sietecueros, entre otros árboles nativos.

En la cumbre, el romance de la niebla y el bosque invita al recogimiento y hace caer en cuenta de lo absorbente que es la vida urbana.

En 1656 se erigió la ermita. Una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, traída desde España, fue elegida para representar a la patrona de la montaña. El 8 de septiembre, las autoridades de la vieja Santa Fe inauguraron el santuario ubicado a 3300 metros de altura.

Cerro Guadalupe

Los visitantes demuestran que este paseo es para todos los gustos. Dentro de un Ford 57, una familia comparte una gallina. Detrás del camión, varias camionetas y Jeeps 4x4 forman una larga fila al lado de diferentes automóviles y motos.

“Teníamos ganas de venir, pero la gente echa cuentos de que no es se guro. Pura paja, esto está muy bonito y tranquilo”, dice John Jiménez, quien vino acompañado de su esposa, sus hijos y su mamá. Recurriendo a un palo de selfie, la familia posa para la foto con un cuadro de la Virgen que lleva inscrita una oración junto al título “Emperatriz de América”.

cerro

Sin embargo, no todos los visitantes vinieron a rezar. Algunos no entran a la iglesia y se quedan debatiendo dónde están los referentes arquitectónicos frente a la espectacular vista de la ciudad.

“Mire, aquí se ve que el edificio más grande es la Torre Bacatá. Y vea, ahí arribita está El Campín”, les dice un adolescente a sus amigos que logran diferenciar las lejanas construcciones. Abajo, millones de electrodomésticos encendidos generan un sordo rumor en la cima. Un buitre busca comida desde las alturas y un copetón se posa sobre un cable de alta tensión. El verde de la natural eza se fusiona con el gris plomo de la ciudad. El esmog hace lo mismo con la niebla.

Cerro Guadalupe

Los legendarios terremotos de 1743, 1785 y 1826 no tuvieron piedad con la capilla. Fue reconstruida en el gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera. El sacerdote Hernando Mejía nombró a la virgen como protectora de la capital en 1873.

Además de las misas y la vista a la ciudad, el paseo es un recorrido gastronómico. Melcocha, aguardiente con hierbas y algodón de azúcar reaniman a los visitantes. Si el asunto es de hambre, hay gallina, costilla, rellena, longaniza o sopa de arroz, de mute y de pajarilla. Los precios van desde $6.000 en adelante y los meseros le dan la pruebita a todo el que asome la nariz.

El 12 de octubre de 1945, monseñor Jorge Murcia Riaño reconstruyó la ermita. Al año siguiente se erigió la estatua. Dos décadas después, el sacerdote Luis Jiménez construyó la carretera que hoy en día recorren más de mil visitantes cada domingo.

Cerro Guadalupe

“Yo me llamo el fotógrafo, si me dicen por mi nombre ni volteo a mirar. A pesar de los celulares, con esto sigo manteniendo a mi familia”, dice un hombre que, desde hace cuatro décadas, se dedica a tomar fotos con una polaroid para que los visitantes atesoren su visita a la “Abuela de Bogotá”.

Bogotá

CÓMO LLEGAR

Se puede tomar un colectivo o taxi en la Calle 6 con Carrera 13, que lo deja a los pies de la estatua de la Virgen María Inmaculada. En carro particular, por la vía Choachí-Bogotá.

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