Los billares que suman más de dos siglos de carambolas | Revista DC
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Los billares que suman más de dos siglos de carambolas

En algunos predominan los jóvenes y la diversión mientras que en otros hay un ambiente ceremonial y veteranos profesionales. Los cuatro lugares, sin excepción, demuestran que este deporte es una pasión matemática o un sano entretenimiento.

La tarde del viernes se rinde. En medio del tráfico y la llovizna que acompañan los días bogotanos, los habitantes de la ciudad empiezan a buscar un lugar de esparcimiento dónde darle la bienvenida al fin de semana.

Entre las especies urbanas, la de los billaristas es una de las más particulares. Tiene más de dos siglos de historia y aún es percibida desde perspectivas opuestas: algunos dicen que sus practicantes son desocupados, que deberían coger oficio, y otros los ven como deportistas que saben enfocarse en una pasión.

billar

Basta con visitar algunos de los billares más tradicionales de Bogotá para darse cuenta de que, para una gran parte de sus practicantes, es una exigente disciplina deportiva y, para la otra, un sano entretenimiento.

“El billar ya no es una aventura, hay que estudiar mucho de matemática y física”, comenta Beny Alba, un jugador peruano que dedica una parte considerable de su tiempo a lograr carambolas que para otros resultarían imposibles. “Yo vengo a parchar con mis amigos un rato, nos gusta tanto como ir a cine o a bailar”, dice Daniela Mejía, una joven universitaria que rara vez logra dos carambolas seguidas.

Visitamos cuatro de los billares más viejos de la ciudad. Entre todos suman más de dos siglos de carambolas. Allí comprobamos que practicar este deporte es para muchos habitantes de la ciudad una forma de divertirse con los amigos. Usted elige cuál se adapta más a sus preferencias.

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Club Billares Chapinero

Hay clientes encorbatados, con bluyín, con boina a lo Pablo Neruda, de sombrero campechano, pensionados que no tienen prisa, oficinistas que acaban de terminar su jornada. “Aquí la clientela es la misma desde hace 70 años, solo que ha habido un relevo generacional. Primero vinieron los abuelos, luego los papás y ahora los hijos”, dice el administrador Darío Marín.

En el espacioso e impecable lugar, que cuenta con tres pisos de mesas en perfecto estado y amplios ventanales por los que se cuela la resplandeciente luz bogotana, no hay mujeres.

“El secreto está en compartir, si las bota eso lo desafía a mejorar y si las hace pues eso le encanta a uno”, dice Jorge Pinzón, quien lleva 40 años tacando en el lugar. A su lado, otros billaristas toman tinto o gaseosa, están absortos en el juego en su turno y en el de sus rivales y pagan alrededor de $6.000 por hora.

Dónde: Calle 57 No. 13-91

Academia de billares Colombia

“Está muy bien ubicado, las mesas son espectaculares y la atención es excelente y eso es lo que le importa a un billarista”, dice Hernán Mendieta. En un cuadro pintado con aerógrafo, aparece Marilyn Monroe con una bola ocho en la mano, Elvis Presley con el taco al hombro, Humphrey Bogarth con los ojos puestos en el infinito como si mirara “lo que el viento se llevó” y James Dean con la corbata floja y un cigarrillo en la boca.

En el lugar predominan los jugadores profesionales, pero también hay unos cuantos jóvenes aprendices.

Dónde: Carrera 15 No. 51-89

Billares Palermo

Abrió sus puertas en 1993. Aquí las canas, la calvicie y el silencio ceremonial de otros billares le cede su espacio a la vitalidad juvenil. La decoración es vintage: lámparas verde aguamarina, afiches de bolas de billar belgas Aramith, televisores con fútbol. La música pasa sin rubores de la salsa vieja al reguetón. Predominan los universitarios, en cada mesa hay por lo menos una mujer, se bebe cerveza y se conversa en voz alta mientras se juega.

Dónde: Calle 45 No. 13-40

Billares Ok

Tiene casi 80 años de vida. El lugar parece un resumen de los tres anteriores. Hay música, pero el volumen no es tan alto que impida la concentración ni tan bajo que no se escuche. En uno de los salones hay jóvenes de ambos sexos bromeando mientras juegan el chico; y en el otro, los profesionales miran con cara de estudiosos las movidas de sus rivales. En las paredes cuelgan fotos de campeones como Jung-Han Heo, Tayfun Tasdemir y Fredric Cuadron.

“Nuestro secreto es el equipo de trabajadores y la calidad de las mesas y los implementos de juego”, dice Andrés Lizarazo, dueño del lugar.

Dónde: Carrera 7 No. 22- 89

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