Pollos Don Roque, el único y original | Revista DC
Pollería Don Roque. Foto: Thomas Gallego Pollería Don Roque. Foto: Thomas Gallego

Pollos Don Roque, el único y original

Es una de las pollerías más tradicionales de Bogotá. Como algunos han usado su imagen para imitarlos con nombres como Roquefeller, Roquetazo y Roque Junior, en la entrada se les advierte a los clientes que son la única sede. El adobo secreto y el tamaño de los pollos atraen más de 2 mil comensales los fines de semana.

La pollería Don Roque es una leyenda. A pesar de la llegada de las franquicias gringas y del aumento de restaurantes nacionales de su tipo, no ha parado de crecer en sus más de 30 años de historia.

Entre semana atiende cerca de 500 clientes por día y los fines de semana, cuando la fila a la entrada supera la que hay que hacer para entrar a Wok, Archie’s o Crepes and Waffles, esa cifra se duplica.

“Llega gente de estrato dos para arriba: del norte, del barrio, de todo lado, vienen para llevar o para disfrutar su comida acá. Obreros, oficinistas, mucho policía, universitarios, acá se mueve de todo”, dice Marcos Mayorga, quien hace 23 años cuando aún no tenía cédula se convirtió en el único administrador que ha tenido el lugar desde que un español, que lo tuvo durante dos años en la década de los ochenta, decidió vendérselo a un paisano y su esposa colombiana.

Pollería Don Roque. Foto: Thomas Gallego
Pollería Don Roque. Foto: Thomas Gallego

Hace 20 años hubo tres sedes. Cada uno de los hijos del matrimonio colombo español heredó una. Dos quedaban en los alrededores del Batallón Guardia Presidencial y otra más a una cuadra de la sede actual. “Uno de los hijos del primer dueño vendió y el otro arrendó, pero la gente que los administraba no supo trabajarlos y tuvieron que cerrar. Nosotros nos hemos esmerado para estar donde estamos. Hemos mejorado mucho la atención y la calidad de los productos, sino no se llenaría tanto”, asegura Mayorga.

El restaurante está ubicado en la esquina noroccidental del parque del barrio, fundado a finales del siglo XIX y habitado en sus primeros años por indígenas y criollos pobres que trabajaban en los chircales.

Por la seguridad no se preocupe. Incluso se puede llegar caminando con tranquilidad por concurridas calles que recuerdan los pueblos del altiplano cundiboyacense. Además, los policías del CAI del barrio, que está justo en frente del restaurante, son algunos de los clientes más fieles.

“Todo el mundo dice que el barrio es feo y peligroso, pero en todo Bogotá hay problemas. Tuvo mala fama, pero ha mejorado mucho. Además, tenemos a la autoridad al frente”, dice Mayorga.

Pollería Don Roque. Foto: Thomas Gallego
Pollería Don Roque. Foto: Thomas Gallego

El restaurante tiene dos pisos. Un día entre semana, la clientela es más diversa que en la mayoría de restaurantes bogotanos: desde ejecutivos jóvenes de la zona centro, estudiantes universitarios, una anciana con ruana y sombrero, tatuadores con pelo largo y camisa metalera, una humilde del barrio celebrando el cumpleaños de uno de sus miembros, hasta una madre con su bebé en coche.

Las conversaciones son tan diversas como los comensales y le dan tonos turísticos al lugar. Un grupo de estudiantes de derecho repasa para el próximo parcial, una mujer cuenta un lío de faldas a todo volumen y una joven pareja hace cuentas para amoblar su primera casa.

Además del plato principal, acompañado de generosas porciones de arroz, ensalada, arepas y papas a la francesa, hay sobrebarriga, carne asada, mojarra frita, consomé de pollo y sopa de menudencias. Eso sí, como en cualquier buena pollería, quien pide plato especial debe esperar un poco más.

Pollería Don Roque. Foto: Thomas Gallego
Pollería Don Roque. Foto: Thomas Gallego

Sin embargo, al final la recompensa es igual para todos: porciones gigantes, un ají poderoso y el sabor original que ha convertido a Don Roque en una leyenda urbana. ¿Y cuál es el secreto? Son varios: el adobo natural cuya receta no le revelan a nadie, los pollos que pesan entre cuatro y cinco libras y la atención esmerada de los 12 empleados, que en fines de semana aumentan a 30 para dar abasto con la clientela.

Al frente de Don Roque hay otra pollería, un restaurante de corrientazos y otro un poco más exclusivo que, mientras en el legendario lugar las 70 mesas disponibles están llenas, no superan la docena de clientes. “A ellos les va bien cuando se llena acá”, dice Hermeselda Rueda Espitia, quien trabaja en la pollería hace 12 años, después de atravesar el sitio como un malabarista con cuatro platos y tres botellas de gaseosa en las manos.

Pollería Don Roque. Foto: Thomas Gallego
Pollería Don Roque. Foto: Thomas Gallego

La popularidad de Don Roque es tanta que les alcanza a los restaurantes vecinos y a otros avivatos para hacer su agosto. Roquefeller, Roquetazo, Roque Junior y El Roque son algunos de los nombres con los que han tratado de imitarlos en el 20 de Julio, Restrepo y las cuadras aledañas. “Acá la gente viene y se queja, nos dicen que por qué las sucursales no son lo mismo”, cuenta el administrador.

Para evitar esos problemas, hay un letrero a la entrada del sitio que reza: “Don Roque informa a nuestra distinguida clientela que no tenemos sucursales. No se deje engañar. Somos el único punto a nivel nacional. No coma cuento, coma pollo”.

Nosotros le recomendamos lo mismo. Pruebe y decida usted mismo.

Pollería Don Roque. Foto: Thomas Gallego
Pollería Don Roque. Foto: Thomas Gallego

Dónde: Calle 2 No. 8-10, Barrio Las Cruces
Horario: lunes a domingo, 12:00 m. a 8:00 p.m.
Rango de precios: desde $8.500 hasta $25.000

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